Hospital Quirón.
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Es una de las frases que más se repiten en consulta: «hago abdominales, cuido lo que como, he perdido peso… y la tripa sigue ahí». Casi siempre se cuenta con culpa, como si fuera un fallo de constancia. En una parte importante de los casos no lo es. Es un problema mecánico con nombre propio: diástasis de rectos.

Los dos músculos rectos del abdomen —los de la clásica «tableta»— van de las costillas al pubis y se unen en el centro por una banda de tejido llamada línea alba. Durante el embarazo, esa banda se estira para dejar sitio. También puede estirarse con aumentos de peso importantes.
Cuando después no recupera su tensión, los músculos quedan separados. Y el contenido del abdomen empuja hacia delante por ese punto débil, como lo haría a través de una tela dada de sí.
El resultado es un abdomen que sobresale aunque no haya apenas grasa. Por eso adelgazar no lo corrige: el problema no está en lo que hay dentro, sino en la pared que lo contiene.
Hay una comprobación sencilla que puedes hacer en casa:
Si al hacerlo notas que los dedos se hunden en un hueco entre dos cordones musculares, o si ves que el centro del abdomen forma una cresta o abombamiento, es muy probable que haya diástasis. Esto no es un diagnóstico —la medición seria se hace en consulta y a veces con ecografía— pero es una señal bastante fiable.
El trabajo del suelo pélvico y del transverso abdominal, bien pautado por un fisioterapeuta, mejora mucho: la función, la postura, el dolor lumbar y a menudo también el aspecto. Vale la pena hacerlo siempre, y es lo primero que hay que intentar.
Pero conviene ser honesta con el techo: cuando la separación es importante, el tejido estirado no vuelve a acortarse con entrenamiento. Se puede fortalecer todo lo que rodea a esa zona, no reparar la banda que cedió. Y hay un detalle que sorprende a muchas pacientes: los abdominales clásicos pueden empeorar el abombamiento, porque aumentan la presión justo en el punto débil.

En una abdominoplastia, además de retirar la piel sobrante, se realiza una plicatura: se vuelven a aproximar los músculos con una sutura, devolviendo a la pared abdominal la tensión que perdió. Eso es, literalmente, lo único que cierra una diástasis establecida.
Muchas pacientes cuentan después mejoras que no esperaban: menos dolor lumbar, mejor postura, la ropa sentando de otra manera. No es magia: es la pared abdominal volviendo a trabajar.
Las separaciones leves pueden mejorar mucho con fisioterapia especializada. Las importantes, y sobre todo las que llevan años, no suelen cerrarse solo con ejercicio.
Puede ser las dos cosas. Cuando hay diástasis, hernia o irritación por el pliegue de piel, hay un componente funcional claro además del estético.
Conviene esperar a que el peso esté estable y a haber terminado la lactancia, y valorar el caso sin prisa. Lo vemos con detalle en consulta.
En ese caso lo razonable es esperar. Un nuevo embarazo puede deshacer buena parte del trabajo.
En la página de abdominoplastia hay una autoevaluación de cinco preguntas que sirve justo para distinguir lo que se corrige entrenando de lo que no.
Ver la autoevaluación y la información completa sobre abdominoplastia →
Dra. María Lourdes Yagües, cirujana plástica, Málaga. Esta información es orientativa y no sustituye una consulta médica.
¿Tienes diástasis?
La diástasis se confirma explorando y midiendo, no mirando una foto. En consulta se determina cuánta separación tienes y qué se puede hacer.
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Dra. María Lourdes Yagües · Cirugía Plástica, Estética y Reparadora · Málaga
Más información: Abdominoplastia en Málaga
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